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miércoles, 13 de noviembre de 2013

Mate argentino






El mate y su idioma
     

Cuando una costumbre, un uso o un estilo determinado se enraízan en una sociedad, pasan a integrar su tradición y su leyenda. Nadie puede entonces medir la exacta proyección de su incidencia.

Es que ese algo se integra como una forma de sentir nacional y sólo quien puede palpitar
vivencialmente ese sentir, por haberlo heredado y pertenecer, puede comprender su entrañable alcance.Tal es el caso del mate, entre nosotros, los argentinos
(Francisco N. Scutellá)


Dice el Dr. Emilio Anastay en su libro "Le Mate",
"el productor vegetal del mate es un árbol que se parece un poco al laurel, de 3 a 6 metros de altura, que forma a veces bosques enteros, y otras veces convive con laureáceas y mirtáseas. Extraordinario en todos sus aspectos, parece de un cultivo difícilmente practicable..."
En el siglo XVII, existía la convicción entre los naturales y también entre los colonos, de que por su especial dureza, la semilla del mate no tenía bastante con la humedad y con los elementos del suelo para germinar y que debía sufrir un comienzo de digestión en el estómago de un pájaro especialmente aficionado a aquella fruta.

Parecía confirmarlo el que nunca hubiese arraigado una semilla tomada directamente del vegetal, y sembrada en las mejores condiciones. En cambio crecían fácilmente las que se encontraban entre los excrementos de los pájaros.
Los Padres Jesuitas hicieron pruebas, sometiendo a distintos grados de ebullición dichas semillas, y obtuvieron plantaciones regulares.
En el siglo XIX, primero en los jardines botánicos sudamericanos, y luego por los mismos agricultores, se ha generalizado la plantación del mate, aún sin recurrir a la cocción en agua de sus semillas, pues dada la abundancia de tierras disponibles, y los pocos cuidados que exige el cultivo resulta remunerador dedicarse a él, porque las plantas espontáneas no bastan ya a cubrir las exigencias del consumo cada vez más extendido.
(Savia Argentina 27)

Sus Habitos

Cuando un hábito llega a consustanciarse en la vida de un pueblo, tal como ha ocurrido con el mate y los criollos, desde sus inicios su evolución y hasta la actualidad, ocurre que alrededor de él comienzan a generarse historias. Desde aquellas que indican que tal o cual manera de prepararlo provoca una u otra reacción o efecto, lo mismo que su forma de ofrecerlo y hasta su grado de temperatura puede ser señal de pasiones o desidias, entonces ocurre que nacen los códigos, las señales; en suma: el lenguaje.

De acuerdo con los antecedentes existentes y de mayor o menor conocimiento popular, con lo que puede recopilarse de una desordenada literatura, y hasta la seria intención de buscar mayor cantidad de datos, es que he llegado a reunir una serie de elementos que hablan de sortilegios, chanzas y promesas de enamorados.

El origen del "idioma" del mate parte del momento en que éste llega a su máximo esplendor, es decir, cuando se lo tomaba en absolutamente todos los estratos sociales y sus "mensajes" se habían generalizado.
Antes de esto, existe una etapa en que todo sucede de manera rural: grandes estancias, caminos solitarios, ranchos aislados o carretas de eterno traqueteo. Era una época donde el ganado era prácticamente bagual y los hombres aún a frente no perdían aspereza , volcados insistentemente a su silencio, siempre acompañados por su mate.

Después algún alto en una posta o en algún gran establecimiento ganadero del camino, y el mate volvía a circular, pero ya desde una óptica distinta. Ya era una mujer quien lo cebaba y ofrecía o circulaba en ronda de trabajadores paisanos que compartían charlas, experiencias y la socarrona alegría del alto en las duras tareas de cada jornada.

Entonces el mate adquiriría el valor de la simpatía, del vínculo cordial de invitación promisoria - cuando era la mujer quien convidaba -, y de franca solidaridad cuando la mateada entre hombres.

Lo interesante es que, por entonces, los lugares en los que se hacían los altos del camino, los poblados o los establecimientos, eran siempre los mismos, dado que los itinerarios, "los caminos del ganado" eran prácticamente calcado a sí mismos, por lo que nacían y se alimentaban afectos. De esta manera, el gaucho terminaba prometiendo traer "alguna cosita", en su viaje de regreso "pa, a devolver la atención del mate". La mujer, a su vez, con su limitada vida de soledad en una escenario de cielo y horizonte, se aferraba a esa pequeña ilusión del hombre que había pasado y a quien lo ofreció lo que estaba a su alcance: un mate.

Esbozado este cuadro, téngase en cuenta los recatados hábitos de entonces y la parquedad en la comunicación - considerada en la época como "conveniente" - entre los distintos sexos.
En aquel tiempo esa incipiente relación, ese naciente interés de la mujer hacia el ocasional tropero, no tenía cauce de expresión posible ni directa, por lo que "debía" insinuarse; se sugería querendonamente a través de esos mates compartidos a los que una mano femenina podía poner un toque distinto, dotándolo de algún detalle que destacara a ese mate de los demás. Y sus razones, la muchacha tendría.

Todo este que narro precedentemente pervive y se afirma luego en los centros poblados, es decir, en las ciudades donde aquél mate simple y sin ornamentos se viste de gala con plata, oro y otros metales preciosos. Sin embargo, hay algo que no cambia: es el callado juego emotivo de los corazones jóvenes que (usos de aquellas épocas) procuran  dar a entender "al otro", a través de un poco más de azúcar o unos trocitos de canela, su grado de afecto también, por el mismo medio, detendrán impropias pretensiones con un oportuna mate frío.

Mate es estímulo, inspiración, equilibrio, fuerza, riqueza, trocito de Patria chica, el símbolo acabado de "Juan Criollo", y por todo ello: Poesía.

El mate es algo consustancial con nuestro pueblo, que por su puesto, no es sólo la Capital, sino principalmente el humano vivero, cabe a sus haciendas chacras y puestos su auténtica naturaleza, la reserva de su fuerza y energía.
La prodigiosa austeridad y la maravillosa resistencia de nuestro gaucho, no se explica sin el Mate.
No parece sino que en el Mate y en sus poderosas vitaminas, se hubieran refugiado lo más sutil, lo más invencible, lo más viviente y vivificante del espíritu.

Por eso, mientras perdure el mate, no habrá acabado de morir el Gaucho.
"Señor, yo tomo mate en bombilla porque noto que me estimula al trabajo. Muchas veces, sintiéndome perezoso, con pocas ganas de trabajar, tomo cuatro o cinco mates y me siento dispuesto y animoso, también noto que tomando unos mates cuando me hallo con el ánimo decaído, me siento estimulado, el ánimo y el espíritu se elevan".

Este y muchos relatos, resultaron muy interesantes. Otras personas coincidían en decir que el Mate, para ellas será un verdadero regulador de la función digestiva, pues aseguraban que todas las mañanas, les facilitaba las evacuaciones intestinales, y que bastaba dejar pasar una mañana sin tomar Mate, para que se interrumpiera el hábito.

Varios intelectuales confirmaron también, que tomando unos mates, coordinaban mejor las ideas al escribir o hacer cálculos.
Acicateado por tan favorables opiniones el Doctor J.A. Chesa se dedicó a la búsqueda de todo dato, ya de orden científico o popular que pudiera ilustrarle sobre todos los aspectos de esta saludable bebida.
Por medio de sus estudios iremos conociendo el Origen, la Etimología y diversos relatos históricos de: La Yerba Mate.

Es interesante conocer el origen de esta planta, su historia, como se inició y propagó la antiquísima y tradicional costumbre de nuestros abuelos criollos de "Tomar Mate". Hasta las polémicas suscitadas con motivo del nombre científico aplicado.
En este sentido, remitámonos al trabajo de la Dra.Otero titulado: "La acción fisiológica de la Yerba Mate".
"La Yerba Mate es un producto de América del Sur, obtenido de las hojas y tallos tiernos del "Ilex Paraguariensis", así llamada por el naturista Hilaire. Planta de la familia de las aquifiláceas, que nace y se desarrolla prodigiosamente entre los 18 y 30 grados de latitud sur, alcanzando su mayor desarrollo en las vertientes de los ríos Paraguay y Paraná, zona comprendida en la parte oriental de la vasta región denominada, desde fines del siglo XVI hasta fines del segundo tercio del siglo XVIII: Provincia Paraguaria, que abarcaba, además de la actual República del Paraguay, la Argentina, el Uruguay, parte de Bolivia y Chile".
 

El idioma del mate

Mate Amargo:
Indiferencia. No esperes nada: Llegas tarde a pretender

Mate Dulce:
Amistad. Te recibo con gusto.

Mate con Canela:
Me estás interesando.

Mate con azúcar quemada:
Te estoy pensando.

Mate con naranja:
Ven a buscarme, quiero que vuelvas.

Mate con leche:
Respetuosa amistad.

Mate con café:
Estuve disgustada contigo. Te perdono.

Mate tapado:

No regreses. Anda a tomar a otro lado.

Mate muy caliente:
Espero tus palabras. Así es mi amor por ti.

Mate espumoso y fragante:
Amor correspondido.

Mate con toronjil:
Estoy enojada contigo.

Mate con melaza:
Tu tristeza me aflige.

Mate con té:
Indiferencia.

Mate con dulce:
Habla con mis padres.

Mate hirviendo:
Odio.

Mate con cedrón:
Consiento.

Mate con miel:
Casamiento.

Mates "encimados" o continuos:
Mala voluntad.

Mate cebado por la bombilla:
Antipatía.

Mate frío:
Desprecio.

Como se ve, este código es más simple y menos comprometido que un filtro mágico o un hechizo; pero igualmente encantador y promisorio como todo lo que tenga halo de misterio. Algo que deja un margen de ilusión dependiendo de un sueño.


sábado, 28 de septiembre de 2013

Para visitar: museo del mate






Museo del Mate

 Tigre - Provincia de Buenos Aires


Centro histórico, turístico y cultural. Presenta la historia del mate, desde el descubrimiento de la yerba mate en la conquista de América hasta nuestros días. Expone el patrimonio nacional nacido desde la costumbre más popular de los argentinos.

El museo cuenta como columna vertebral con una colección de casi dos mil piezas, única en el mundo por sus valiosas piezas de mates, como los más pequeños del mundo, yerberas de las carretas, mates y bombillas de cristal, libros sobre el mate, antiguos instrumentos musicales con calabaza matera. El primer termo del mundo. Mates de porcelana de Italia, Checoslovaquia, Inglaterra, Francia, Alemania, entre otros países europeos. Pavas, calderas, calentadores, bombillas, los más antiguos envases de yerba , etc.

Su creador Francisco Scutellá, investigador costumbrista, a través de muchos años fue recibiendo y buscando estos elementos. Su actual director es Jorge Roberto Díaz

El mate es un gran interrogante para los visitantes de otros paises. El museo abre una amplia puerta que introduce, de una forma diferente, a un recorrido por nuestra historia.
En cinco salas las piezas son exhibidas y guías especializados satisfacen todas las demandas de los visitantes.

En un auditorio a través de videos se da a conocer todo el proceso de producción de la yerba mate. Finalmente, en una matera, se muestran costumbres camperas con degustaciones de mate y otros productos que acompañan al consumo de la bebida nacional. En la misma se ha colocado un verdadero "cielo de mates" que da al lugar una ambientación muy especial.
El museo convoca a buscar entre sus piezas a la expresión más genuina de la amistad y la creación de vínculos entre las personas, como solo se encuentra en la sana costumbre de matear.
El museo cuenta también con un Matebar en el que los visitantes reciben un servicio exclusivo con instrucciones acerca de cómo se prepara un mate y degustaciones de panificados criollos


Ubicación: Lavalle 289 – Tigre – Argentina
Tel.
011 4506 9594
Horario de primavera – verano: Miércoles a Domingos (también feriados) de 11 a 19 horas.


jueves, 8 de agosto de 2013

El mate es bebida nacional




Se aprobó el proyecto que establece la declaración del mate como Bebida Nacional, informó el Instituto Nacional de la Yerba mate (INYM).

La propuesta, presentada por el senador misionero Eduardo Torres, se fundamenta en que se trata de una infusión arraigada en la historia y cultura de los argentinos. Al enumerar los fundamentos de su proyecto, el senador explicó que el conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la cultura guaranítica.

La yerba tenía en la cultura guaraní un rol social más allá del fin meramente nutritivo, pues era objeto de culto y ritual, a la vez que moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos.  De los guaraníes, los conquistadores aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su consumo se difundiera en todo el Virreinato del Río de la Plata.

El área de producción de la yerba mate se restringe al Noreste de Corrientes, Misiones, Paraguay y Sur de Brasil, región con las condiciones ideales para su desarrollo.

En la Argentina es la bebida más consumida, sin distinción de clases sociales ni edades, ya que está presente, en sus distintas modalidades, en 92% de los hogares argentinos. Y se ha comprobado fehacientemente los efectos beneficiosos de la yerba mate a partir de investigaciones científicas llevadas a cabo por casas de altos estudios en distintos países.

La Argentina es el principal productor mundial de yerba mate, y su producción se concentra en las provincias de Misiones y Corrientes abarcando una superficie de 200 mil hectáreas.

El texto de la ley Nacional Nº 26.871 define al mate como "la infusión preparada en base al alimento de yerba mate, que colocada en un recipiente y mojada con agua caliente, es bebida mediante una bombilla",
y asismismo dispone que en e"ventos y actividades culturales, sociales o deportivas de carácter oficial, debe preverse la presencia de la expresión y logotipo de 'Mate Infusión Nacional', y la promoción de dicha bebida y sus tradiciones", señala la norma.
.
l Senado de la Nación aprobó el proyecto que establece la declaración del Mate como Bebida Nacional. La buena noticia se enmarca en la conmemoración del Bicentenario de la República Argentina.
La propuesta presentada por el senador misionero Eduardo Torres, se fundamenta en que se trata de una infusión arraigada en la historia y cultura de los argentinos, con cientos de años de vigencia y en progresiva expansión. Así que el argentino que no sepa cebar un mate debería aplicarse y hacer uno de tantos cursos en Buenos Aires.
Al enumerar los fundamentos de su proyecto, el senador explica:
El conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la cultura guaranítica. Inicialmente la yerba mate era aspirada por los chamanes en las ceremonias religiosas.
La forma actual de consumir la yerba en el Mate fue tomada por los guaraníes del pueblo inca que adaptaron al consumo de la yerba mate. Inicialmente se consumía como bebida fría.
Más tarde, fue conformándose en un alimento básico de los indios, que la usaban como bebida, sorbiéndola de calabacillas mediante bombillas hechas de cañas o también mascándola durante sus largas marchas. La yerba tenía en la cultura guaraní un rol social más allá del fin meramente nutritivo, pues era objeto de culto y ritual, a la vez que moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos: los incas, los charrúas y aún los araucanos a través de los pampas, recibían yerba elaborada de manos de los guaraníes. Caá en guaraní significa yerba, pero también significa planta y selva. Para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia, un regalo de los Dioses. Tomar la savia de sus hojas era para ellos beber la selva misma.
De los guaraníes, los conquistadores aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico desde su zona de origen a todo el Virreinato del Río de la Plata.
Más tarde los jesuitas introdujeron el cultivo en algunas reducciones. Sus misiones estaban distribuidas en la región que constituyen la provincia de Misiones, Norte de Corrientes y Sur de Paraguay y Sudoeste brasileño, a fin de evitar las grandes distancias que los separaban de los lugares de producción. Ellos habían develado el secreto de la misteriosa germinación de las semillas de yerba, descubriendo que solamente germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de los tucanes. Pero en su expulsión, ocurrida en 1769, se llevaron con ellos el secreto, sobreviniendo el abandono de las plantaciones y perdiéndose la tradición del cultivo. Aunque los jesuitas preferían tomar mate cocido en lugar de mate, fueron los grandes responsables de que la yerba fuera conocida en el mundo civilizado, en donde llegó a conocérsela como el “té de los jesuitas”.
Más de medio siglo después, el famoso naturalista francés Aimé Bonpland inició los primeros estudios científicos sobre la planta de la yerba mate, su cultivo y sus usos. Dos años más tarde, en París el botánico Saint Hilaire clasificó a la yerba como llex Paraguarensis.
Fué Bonpland quien redescubrió el secreto de la germinación, pero éste volvió a perderse con la extinción del botánico. Recién hacia 1903 en Santa Ana -Misiones- se vuelve a descubrir que sólo germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de ciertas aves y se realiza la primera plantación moderna de Yerba Mate
Hasta entonces y aún por muchos años, la yerba que se consumía provenía de la selva, de plantas silvestres que crecían en manchones con gran densidad de árboles, llamadas islas. La explotación irracional, en la que la tala de los árboles fue moneda corriente por siglos, terminó insumiendo por completo el recurso que parecía inagotable. Sólo con las plantaciones racionales, los cultivos de yerba volvieron a hallar su lugar en la historia.
El mate fue participe de las grandes gestas emancipadoras del país del siglo XIX, acompañando a los ejércitos patriotas, siendo una excelente herramienta durante las guerras, para mantener la salud y la moral de las tropas en la precariedad que vivían, con las dificultades logísticas que se planteaban, el escenario que se desarrollaban los combates, la falta de medios y la privaciones padecidas por los soldados. Existe abundante documentación histórica que acredita que el mate sirvió, en muchos casos, como única ingesta de los combatientes durante varios días, cuando por distintos inconvenientes se resentía la provisión de alimentos.
Durante los primeros años del siglo XX, nacieron las grandes industrias yerbateras de la Argentina, que se establecieron en los puertos del Sur, Rosario y Buenos Aires, pues la yerba mate, que seguía siendo explotada en su mayoría en los montes naturales de Brasil y Paraguay, era transportada por el Río Paraná.
- See more at: http://www.clubdelmate.com/recomendados/el-mate-es-la-bebida-nacional-argentina-noticias-recomendado.htm#sthash.Omo1o4OM.dpuf
l Senado de la Nación aprobó el proyecto que establece la declaración del Mate como Bebida Nacional. La buena noticia se enmarca en la conmemoración del Bicentenario de la República Argentina.
La propuesta presentada por el senador misionero Eduardo Torres, se fundamenta en que se trata de una infusión arraigada en la historia y cultura de los argentinos, con cientos de años de vigencia y en progresiva expansión. Así que el argentino que no sepa cebar un mate debería aplicarse y hacer uno de tantos cursos en Buenos Aires.
Al enumerar los fundamentos de su proyecto, el senador explica:
El conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la cultura guaranítica. Inicialmente la yerba mate era aspirada por los chamanes en las ceremonias religiosas.
La forma actual de consumir la yerba en el Mate fue tomada por los guaraníes del pueblo inca que adaptaron al consumo de la yerba mate. Inicialmente se consumía como bebida fría.
Más tarde, fue conformándose en un alimento básico de los indios, que la usaban como bebida, sorbiéndola de calabacillas mediante bombillas hechas de cañas o también mascándola durante sus largas marchas. La yerba tenía en la cultura guaraní un rol social más allá del fin meramente nutritivo, pues era objeto de culto y ritual, a la vez que moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos: los incas, los charrúas y aún los araucanos a través de los pampas, recibían yerba elaborada de manos de los guaraníes. Caá en guaraní significa yerba, pero también significa planta y selva. Para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia, un regalo de los Dioses. Tomar la savia de sus hojas era para ellos beber la selva misma.
De los guaraníes, los conquistadores aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico desde su zona de origen a todo el Virreinato del Río de la Plata.
Más tarde los jesuitas introdujeron el cultivo en algunas reducciones. Sus misiones estaban distribuidas en la región que constituyen la provincia de Misiones, Norte de Corrientes y Sur de Paraguay y Sudoeste brasileño, a fin de evitar las grandes distancias que los separaban de los lugares de producción. Ellos habían develado el secreto de la misteriosa germinación de las semillas de yerba, descubriendo que solamente germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de los tucanes. Pero en su expulsión, ocurrida en 1769, se llevaron con ellos el secreto, sobreviniendo el abandono de las plantaciones y perdiéndose la tradición del cultivo. Aunque los jesuitas preferían tomar mate cocido en lugar de mate, fueron los grandes responsables de que la yerba fuera conocida en el mundo civilizado, en donde llegó a conocérsela como el “té de los jesuitas”.
Más de medio siglo después, el famoso naturalista francés Aimé Bonpland inició los primeros estudios científicos sobre la planta de la yerba mate, su cultivo y sus usos. Dos años más tarde, en París el botánico Saint Hilaire clasificó a la yerba como llex Paraguarensis.
Fué Bonpland quien redescubrió el secreto de la germinación, pero éste volvió a perderse con la extinción del botánico. Recién hacia 1903 en Santa Ana -Misiones- se vuelve a descubrir que sólo germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de ciertas aves y se realiza la primera plantación moderna de Yerba Mate
Hasta entonces y aún por muchos años, la yerba que se consumía provenía de la selva, de plantas silvestres que crecían en manchones con gran densidad de árboles, llamadas islas. La explotación irracional, en la que la tala de los árboles fue moneda corriente por siglos, terminó insumiendo por completo el recurso que parecía inagotable. Sólo con las plantaciones racionales, los cultivos de yerba volvieron a hallar su lugar en la historia.
El mate fue participe de las grandes gestas emancipadoras del país del siglo XIX, acompañando a los ejércitos patriotas, siendo una excelente herramienta durante las guerras, para mantener la salud y la moral de las tropas en la precariedad que vivían, con las dificultades logísticas que se planteaban, el escenario que se desarrollaban los combates, la falta de medios y la privaciones padecidas por los soldados. Existe abundante documentación histórica que acredita que el mate sirvió, en muchos casos, como única ingesta de los combatientes durante varios días, cuando por distintos inconvenientes se resentía la provisión de alimentos.
Durante los primeros años del siglo XX, nacieron las grandes industrias yerbateras de la Argentina, que se establecieron en los puertos del Sur, Rosario y Buenos Aires, pues la yerba mate, que seguía siendo explotada en su mayoría en los montes naturales de Brasil y Paraguay, era transportada por el Río Paraná.
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La propuesta presentada por el senador misionero Eduardo Torres, se fundamenta en que se trata de una infusión arraigada en la historia y cultura de los argentinos, con cientos de años de vigencia y en progresiva expansión. Así que el argentino que no sepa cebar un mate debería aplicarse y hacer uno de tantos cursos en Buenos Aires.
Al enumerar los fundamentos de su proyecto, el senador explica:
El conocimiento de la yerba mate se remonta a los albores de la cultura guaranítica. Inicialmente la yerba mate era aspirada por los chamanes en las ceremonias religiosas.
La forma actual de consumir la yerba en el Mate fue tomada por los guaraníes del pueblo inca que adaptaron al consumo de la yerba mate. Inicialmente se consumía como bebida fría.
Más tarde, fue conformándose en un alimento básico de los indios, que la usaban como bebida, sorbiéndola de calabacillas mediante bombillas hechas de cañas o también mascándola durante sus largas marchas. La yerba tenía en la cultura guaraní un rol social más allá del fin meramente nutritivo, pues era objeto de culto y ritual, a la vez que moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos: los incas, los charrúas y aún los araucanos a través de los pampas, recibían yerba elaborada de manos de los guaraníes. Caá en guaraní significa yerba, pero también significa planta y selva. Para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia, un regalo de los Dioses. Tomar la savia de sus hojas era para ellos beber la selva misma.
De los guaraníes, los conquistadores aprendieron su uso y las virtudes que posee, e hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico desde su zona de origen a todo el Virreinato del Río de la Plata.
Más tarde los jesuitas introdujeron el cultivo en algunas reducciones. Sus misiones estaban distribuidas en la región que constituyen la provincia de Misiones, Norte de Corrientes y Sur de Paraguay y Sudoeste brasileño, a fin de evitar las grandes distancias que los separaban de los lugares de producción. Ellos habían develado el secreto de la misteriosa germinación de las semillas de yerba, descubriendo que solamente germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de los tucanes. Pero en su expulsión, ocurrida en 1769, se llevaron con ellos el secreto, sobreviniendo el abandono de las plantaciones y perdiéndose la tradición del cultivo. Aunque los jesuitas preferían tomar mate cocido en lugar de mate, fueron los grandes responsables de que la yerba fuera conocida en el mundo civilizado, en donde llegó a conocérsela como el “té de los jesuitas”.
Más de medio siglo después, el famoso naturalista francés Aimé Bonpland inició los primeros estudios científicos sobre la planta de la yerba mate, su cultivo y sus usos. Dos años más tarde, en París el botánico Saint Hilaire clasificó a la yerba como llex Paraguarensis.
Fué Bonpland quien redescubrió el secreto de la germinación, pero éste volvió a perderse con la extinción del botánico. Recién hacia 1903 en Santa Ana -Misiones- se vuelve a descubrir que sólo germinan aquellas semillas que han pasado por el sistema digestivo de ciertas aves y se realiza la primera plantación moderna de Yerba Mate
Hasta entonces y aún por muchos años, la yerba que se consumía provenía de la selva, de plantas silvestres que crecían en manchones con gran densidad de árboles, llamadas islas. La explotación irracional, en la que la tala de los árboles fue moneda corriente por siglos, terminó insumiendo por completo el recurso que parecía inagotable. Sólo con las plantaciones racionales, los cultivos de yerba volvieron a hallar su lugar en la historia.
El mate fue participe de las grandes gestas emancipadoras del país del siglo XIX, acompañando a los ejércitos patriotas, siendo una excelente herramienta durante las guerras, para mantener la salud y la moral de las tropas en la precariedad que vivían, con las dificultades logísticas que se planteaban, el escenario que se desarrollaban los combates, la falta de medios y la privaciones padecidas por los soldados. Existe abundante documentación histórica que acredita que el mate sirvió, en muchos casos, como única ingesta de los combatientes durante varios días, cuando por distintos inconvenientes se resentía la provisión de alimentos.
Durante los primeros años del siglo XX, nacieron las grandes industrias yerbateras de la Argentina, que se establecieron en los puertos del Sur, Rosario y Buenos Aires, pues la yerba mate, que seguía siendo explotada en su mayoría en los montes naturales de Brasil y Paraguay, era transportada por el Río Paraná.
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domingo, 31 de marzo de 2013

La leyenda...


Leyenda de la Yerba Mate



Cuenta una vieja leyenda guaraní  que Yasí,  la diosa luna, hace muchísimo tiempo quiso conocer la tierra y ver con sus propios ojos todas las maravillas que apenas  podía ver entre la espesura de la selva, allá abajo.
Un día con su amiga, Araí, la diosa nube, bajaron a la tierra en la forma de dos jóvenes hermosas. Cansadas de recorrer todo y maravillarse, buscaron un lugar donde descansar. Vieron una cabaña entre los árboles. Cuando se dirigían hacia ella para pedir donde dormir, descubren, agazapado, un yaguareté acechándolas en una roca cercana.

Súbitamente, salta sobre ellas con las zarpas listas. Al momento, se oye un silbido. El yaguareté cae atravesado por una flecha, herido de muerte. El salvador era un cazador que al ver a las jovencitas indefensas, se compadece y también les ofrece la hospitalidad de su casa. Las muchachas aceptan y lo siguen, hasta la cabaña que habían visto antes. Al entrar el hombre les presenta a su esposa y a su joven hija, la que, sin pensarlo dos veces, les ofrece, una rica tortita de maíz, su único y último alimento. Cuando  las mujeres se van a buscar el mejor sitio  para las visitas, el cazador les cuenta que decidieron vivir solos en el monte,  alejados de su tribu, para salvar y conservar  las virtudes, regalo de Tupá, que tenía su bonita y bondadosa hija, un tesoro para ellos. Pasan la noche y a la mañana siguiente, Yasí y Araí agradecen sinceramente a la familia su hospitalidad y se alejan.

Una vez en el cielo, Yasí, no pudo olvidar su aventura en la tierra. Cada noche que ve al cazador y a su familia, recuerda su valentía y generosidad. Sabiendo de su sacrificio filial, decide premiar a su salvador con un valioso regalo para él, y para el tesoro que tanto cuidaban: la hija. Cierta noche, Yasí  recorre los alrededores sembrando unas semillas mágicas. A la mañana, ya han nacido y crecido unos árboles de hojas color verde oscuro con  pequeñas flores blancas. El hombre y su familia, al levantarse,  contemplan asombrados estas plantas desconocidas que aparecieron durante la noche. De repente, un punto brillante del cielo desciende hacia ellos con suavidad. Reconocen a la doncella que durmió en su casa.

—Soy Yasí, la diosa Luna —les dice—. He venido a traerles un presente como recompensa de vuestra generosidad. Esta planta, que llamarán “caá”, nunca permitirá que se sientan solos  y será para todos los hombres, un especial símbolo de amistad. También he determinado que sea vuestra hija la dueña de la planta, por lo que, a partir de ahora, ella vivirá por siempre y nunca perderá su bondad, inocencia y belleza-. Después de mostrarles la manera correcta de secar las hojas, Yasí prepara el primer mate y se los ofrece. Luego, regresa satisfecha a su puesto en el cielo.

Pasan muchos años y luego de la muerte de sus padres, la hija se convierte en la deidad  cuidadora de la yerba mate, la Caá Yarí, esa hermosa joven que pasea entre las plantas, susurrándoles y velando su crecimiento. A ella, también confían su alma los trabajadores de los yerbales…


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