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lunes, 4 de marzo de 2019

Poesía de Bolivia: Mónica Velásquez Guzmán





Tu gemelo está en un dios que no viste
en un amor que dejaste olvidado
en las opciones
en otra forma de vivir
en todo lo que callas
tu gemelo canta desde tu niñez
te cuida como al más solo de sus hijos
te va siguiendo los pasos
y recoge a diario lo que queda de tu sombra
sabe tus transformaciones
no se parece a ti aun con tu misma cara
tu gemelo es el que quieres
el que pudiste
el que dejaste de ser
tu gemelo duerme a tu costado sin decir palabra
su nombre es el nombre que pondrás a tu hijo
sin saber que lo convocas
que también le sigues los pasos
entregándote sin peros
a las almas de doble filo

(De Fronteras de doble filo)


X
Entre dos mundos transita la palabra
abriendo paso al indicio
cúmplase en mi tu voluntad, digo,
necesítame para cumplirte.
La vieja inquisición empieza a sospechar.
Ampárenme brujos mientras vienen por mí
mientras la luz ciega los ojos, el interrogatorio no cesa
esta diferencia es mi culpa
y traman fuegos para doblegar nuestros poderes.
Asístanme mientras mi cuerpo se parte
y ninguna sílaba acierta a salvarle
y mi pequeña luz se oscurece
y vienen a guiarme los muertos de antes
hacia sus círculos...

De Tres nombres para un lugar



Mónica Velásquez Guzmán, Bolivia (1972). Es Licenciada en Letras por la Universidad Mayor de San Andrés en Bolivia y Doctora en literatura hispanoamericana por El Colegio de México, México, 2004. Actualmente es docente de la Universidad Mayor de San Andrés y la Universidad Católica Boliviana. Ha publicado: Tres nombres para un lugar (1995); Fronteras de doble filo (1998); El viento de los náufragos (2004); Hija de Medea, con el que ganó el Premio Nacional de Poesía Yolanda Bedregal en 2008; y La sed donde bebes (2011).


lunes, 25 de febrero de 2019

Poesía de Bolivia: Gabriel Chávez Casazola





I ching

El hombre sabio reconstruye su casa
con amplios corredores
para sentarse a tomar fresco
en la acera exterior
los días calurosos
y ver caer la tarde en los días de tedio,
saludando a quienes pasan con una leve inclinación de cabeza,
mientras estos le sonríen,
agradecidos por ofrecerles cobijo del sol
cuando caminan,
y cobijo del agua cuando llueve
y el hombre sabio está dentro de su casa,
destilando hasta el ocaso
el mosto del ayer.




Vuelo nocturno / Arte poética

El eje del mundo se ha movido hoy diez centímetros

a la izquierda o a la derecha quién lo sabe
pero los poetas esta noche andan revueltos

y se descalzan
y entran al río
y se ponen
a atrapar
el resplandor
de las estrellas

a atraparlas
con las manos
en el agua.




Gabriel Chávez Casazola (1972) Bolivia. Ha publicado los libros “Lugar común” (1999), “Escalera de mano” (2003) y “El agua iluminada” (2010).

lunes, 14 de enero de 2019

Poesía de Bolivia: Paura Rodriguez Leytón






Caminaré lejos

He quemado mis dedos
para escribir un verso
y echarlo a rodar
por un laberinto de colores falsos

También he pensando:
¿Viajarás un día a otras tierras
para ser otra piedra de otra tierra?

Pero
¿dónde está el cielo del que me has hablado?
¿Quién se ha robado mi sueño?
¿Por qué la lluvia no riega
los árboles que he plantado?

Caminaré lejos
hasta encontrar mi casa
creo que allí está el cielo
del que me hablaste. 
Distancia

Conversarías tal vez
con el humo confundido entre la niebla
después de ser fuego.
Tal vez
con otro poema,
con otra palabra.
No sé por qué presiento que tú eres distancia
y siendo distancia
eres camino
en ese tren eres el único vagón que viaja sin rumbo.
Vagón
yo te vi pisando las gotas de otoño,
sentí junto al verso el verdor de sus palabras.
Pero tú sigues caminando con tu piel harapos,
dejando traspasar tu rostro con ese polvo
que se dice tiempo.


Del polvo  (del libro Ritos de Viaje, 2002)

¿De qué lugar vendrá esta leña?
rastro de visitante tardío
que arrebata
las olas.

Hay un solo cuerpo
coronado
por la espera
visitante de las últimas cenizas.

El primer fuego arderá
la noche
de tierra
húmedos los huesos
se abrirán abismos
en el muro de sal.

Moriré al miedo
buscaré entre las piedras
un trozo
de tiempo.

---

Al cabo de muchos sueños
siento que estamos a punto
de no ser.
Presiento tu soledad en el aire
en la densa bruma
de tu aire.
Es como algo que cae
al río incontenible de mi sangre.
No hago nada
por evitar el vértigo
que diluye mi sombra
cuando bebo un poco
de agua.

Adivino tu presencia
en el remolino invisible
que desnuda mi ausencia.

Alguien traerá la brisa
me indicará el lugar preciso.

---

Conmovidos por la clara
espesura del alba
hemos puesto a prueba nuestro destino.

Caerá la lluvia
por precipicios olvidados
derramando su humedad entre tus manos.

Yo,
me abrazaré a una estatua de arena
no seré sorprendida
escarbando la basura
en busca de la palabra.

Espero algún signo
que me lleve de regreso
a la infancia del árbol.



Paura Rodríguez Leytón (1973) Poeta y periodista boliviana, nacida en La Paz. Ha publicado los libros de poesía “Del árbol y la arcilla azul azul” (Salta, 1989) y “Ritos de Viaje”, (La Paz, Plural, 2002) ganadora del Premio Municipal de Poesía de la ciudad de Sucre.


lunes, 30 de mayo de 2016

Benjamín Chávez - Bolivia





La débil música de las suaves cosas

En la alta noche,
la débil música de las suaves cosas.
Mientras el sueño consuma la quietud
las torres callan
los motivos de su altura.
Cada instante se estremece
y lo quedo nos habla con una voz más íntima.
No son las cosas que no tendremos nunca
Son las que están
las que estuvieron siempre
y hoy
-complicidad contenida-
nos susurran
una familiaridad irresuelta.

Poema número mil para una mujer que jamás leyó ninguno

Después de mil noches anclado en la bahía del correo,
después de 999 poemas devueltos
en sobres sin abrir,
te fuiste diluyendo
como el agua o el viento.
Es que no quisiste perderte en mi bosque
y rodeaste todos los caminos.
Después de traerte la flamígera espada
del ángel que custodia el paraíso,
desenterrar un meteorito
para compararlo con tus ojos.
Después de la tierra, el sueño
la caída de tres dinastías y un imperio,
te escribo este último poema
con método de hormiga laboriosa
cuyo único salario
-no pequeño-
será
el sosiego de terminar este desvarío
con un número redondo como el sol.


 

Tortuga

Contemplo el paso de las horas
sin ferocidad ni resignación.
Las vidas de los hombres
—perdidas o no—
me tienen sin cuidado.
El planeta se apoya en mi espalda,
mi lentitud es un premio.



 
La espera

En la terraza de la vieja casa
el abuelo seca sus huesos al sol.
La radio
relatando un partido de fútbol
da cuenta de las palabras
que le vieron crecer.
Piel de serpiente en plena muda
el idioma se descascara
cada tarde
cada muerte.



Espejo de agua

Contemplo mi rostro, más que inexpresivo, invisible.
Mudez de las horas y los motivos, la
laguna textual en esta página que
cambia de color a la luz del atardecer
inunda la planicie no manchada por lo escrito y
moja el resto del libro, humedeciendo, diluyendo, borrando.




Manifiesto


Desde el acuario que es mi casa, saciado ya de largos buceos,
he visto a la vida cambiar de gesto.
En muchas aguas,
husmeando el limo abisal o
saliendo a tomar aire como un nadador porfiado,
me di de frente con algunas cosas irrefutables del mundo.

La tarde en que me disponía a reparar mis redes
para guardarlas hasta la próxima temporada
me temblaron las manos
y pude sentir
la larga noche de la espera.



Benjamín Chávez (Bolivia)





Benjamín Chávez Camacho (Santa Cruz, 1971). Ha publicado: "Prehistorias del androide" (Premio Fundación Cultural FEPO, Oruro, 1994), "Con la misma tijera" (1999), "Santo sin devoción" (2000), "Y allá en lo alto un pedazo de cielo" (Finalista en el concurso Yolanda Bedregal 2001-2003), "Extramuros" (2004), "Pequeña librería de viejo" (Premio Nacional de Poesía 2006), "Manual de contemplación" (Antología personal, 2008), "Historia de las invasiones perdidas" (2012).