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miércoles, 26 de mayo de 2021

Huir, Marçal Font i Espí

 

 


 

 


Huir 

 

Huir, como si quemara la sombra. Huir. Huir como el viento, como el agua, como la piedra. Huir del mar, huir de la sal, huir de la arena, huir de la vida como si la vida en ello nos fuera. De los brazos de la matrona a los sepultureros. Huir. De Domingos con prisa, de madrugones graníticos, de siestas calcáreas, de sueños de arenisca. De poemas en servilletas, de dogmas sin crítica y de la crítica con caretas, de la academia sin sangre y de la sangre sin sapiencia. Huir. De quien canta un salmo igual que un gol, de quien canta un gol igual que un parto. De quien invoca guerra con Paz en la boca, del disidente a deshora, del que por tí mataría y del que sin tí se mata. De la lucha sin sentido y del sentido en simulacro.


Huir. De quien no ama Belleza, de quien no consume Belleza, de quien no devora Belleza, de quien no es un adicto empedernido de la Belleza y la busca hasta en los recovecos más repugnantes del mundo, porque sólo nos salvará Belleza. Huir de todos los demás hasta quedar solos. De los ecos, los reflejos, los fuimos, los habíamos, los hubiéramos, los habríamos sido… De ti y de mi, del nosotros, del “como ellos”, los para siempres y jamases.

 

Huir. De quien tiene más camino en la lengua que en la suela, más cicatriz en papel que en la piel, más curriculum que vida de capa y espada. Huir de uno mismo. De quien dice ser uno mismo, él mismo desde sí mismo. De quien se busca y de quien se pierde por seguirse y por seguir a quien se pierde.


Huir. Del polluelo muerto en la mano y los cien volando en la cresta. Del loco deslunado, del águila sin sol, del poeta sin poema, del monje sin hábito, del rey sin corona, de la mona sin seda, del emperador sin traje nuevo y del reo sin condena. Huir de Marte sin espada, de Venus sin pasión, de Judas sin beso, de Narciso sin espejo, de Orfeo sin lira, de Betty Boop sin liga, de San Esteban sin martirio y don Quijote sin delirio.

 

Huir. De quién teme a Amor, de quien avergüenza a Amor, de quien burla a Amor, de quien a Amor, aquella maravillosa putada, rinde tributo en rituales huecos y frases hechas, flores por encargo y cuernos de puta triste y entrega en usufructo de cuerpo cansado. Que sólo Amor mata a Amor y todo lo demás es mamoneo, envoltorio y tapa.

 

Huir. Para no quedarse quieto. Para crecerse y no estancarse, para no ser pestilente y traicionar al tiempo achicando territorio hasta quedar sólo en “yo”, chiquito, nimio, estático y colapsado como una bici sin pedales.

Huir. Lejos. Más allá de mares de dudas, travesías del desierto, montes de Venus, cuevas del tesoro, caminos de oro, puentes de plata, castillos de aire, torres de marfil y pantanos del pensamiento. Más allá de puertas al más allá.

Huir. Lejos. Hacia la boca del lobo, hacia el lienzo en negro, hacia lo que no todavía pero quizás más tarde, hacia la sima oscura, profunda, sin vértigo del misterio. Huir en un salto abisal. Huir por huir para ser y no estar. Para estar en otra parte. Para que sea otra parte. Huir para ensanchar el mundo y engullir abismos en caída voraz hacia lo hondo, hacia el orgasmo y la herida. Hacia el cielo en agua y la sangre en llamas. Huir como si quemara la sombra.

 


Marçal Font i Espí  (Barcelona, España)



Marçal Font i Espí es Licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Desde su juventud ha practicado el canto lírico, además de teatro, poesía o danza. Ha actuado en centros cívicos, iglesias, en el Gran Teatro del Liceo en 1991 y en varios festivales europeos. Ha sido ganador de numerosos poetry slams de poesía. Ganó dos veces consecutivas la liga de Poetry Slam Barcelona en 2010, la primera edición de este certamen, y el 2011. También ha sido campeón de España de la misma modalidad en 2011, semifinalista de la Coup du Monde de Slam en París en 2012, y ganador del I Slam Poetry Internacional de 2013.  Ha publicado Frutos del Desguace , (2013) y “Garbuix”, (2014).

sábado, 6 de julio de 2019

Nueva poesía de España: Rocío Acebal









"Afrodita"


Y está triste
como una silla abandonada
en la mitad del patio azul
Los pájaros la rodean
Cae una aguja
Las hojas resbalan
sin tocarla
Y está triste
en mitad del patio
con la mirada baja
los pechos alicaídos
dos palomas tardas
Y un collar
sin perro
en la mano
Como una silla vacía.






ESTRELLAS


En esta oscuridad que me rodea –
en este Negro eterno que nos cubre –
termino de entregarte mis compendios:
ya no soy nada – Tú – quien me sostiene
ya no eres nada – Yo – quien te contengo
y en Nadas infinitas nos fundimos –

El mundo nos recuerda
que la temperatura no es esa que expresamos,
que nos cubre la lluvia y que no somos –
eternos – que tan solo
somos Caduca luz y que algún día
comprenderemos la única Verdad –
más fría que esta noche, más perfecta –

Se acerca pronto el alba pero – Ahora –
déjame ser caduca Luz contigo,
quizá – cuando amanezca –
seamos dos estrellas que perduran –


Rocío Acebal, (Oviedo) España





 

lunes, 5 de junio de 2017

Cantos nuevos - F G Lorca




Cantos nuevos


Dice la tarde: “¡Tengo sed de sombra!”
Dice la luna: “¡Yo, sed de luceros!”
La fuente cristalina pide labios
y suspira el viento.
Yo tengo sed de aromas y de risas,
sed de cantares nuevos
sin lunas y sin lirios,
y sin amores muertos.
Un cantar de mañana que estremezca
a los remansos quietos
del porvenir. Y llene de esperanza
sus ondas y sus cienos.
Un cantar luminoso y reposado
pleno de pensamiento,
virginal de tristeza y de angustias
y virginal de ensueños.
Cantar sin carne lírica que llene
de risas el silencio
(una bandada de palomas ciegas
lanzadas al misterio).
Cantar que vaya al alma de las cosas
y al alma de los vientos
y que descanse al fin en la alegría
del corazón eterno.
Federico García Lorca


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martes, 28 de marzo de 2017

poemas de Miguel Hernández







Las manos

Dos especies de manos se enfrentan en la vida, brotan del corazón, irrumpen por los brazos, saltan, y desembocan sobre la luz herida a golpes, a zarpazos.

La mano es la herramienta del alma, su mensaje, y el cuerpo tiene en ella su rama combatiente. Alzad, moved las manos en un gran oleaje, hombres de mi simiente.



Canción última

Pintada, no vacía: pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias. Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa, con su ruinosa cama.

Florecerán los besos sobre las almohadas. Y en torno de los cuerpos elevará la sábana su intensa enredadera nocturna, perfumada. El odio se amortigua detrás de la ventana. Será la garra suave. Dejadme la esperanza



El rayo que no cesa

¿No cesará este rayo que me habita el corazón de exasperadas fieras y de fraguas coléricas y herreras donde el metal más fresco se marchita?

¿No cesará esta terca estalactita de cultivar sus duras cabelleras como espadas y rígidas hogueras hacia mi corazón que muge y grita?


Escribí en el arenal

Escribí en el arenal los tres nombres de la vida: vida, muerte, amor.
Una ráfaga de mar, tantas claras veces ida, vino y los borró


Miguel Hernández



#MiguelHernandez #poesia #mateada
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sábado, 18 de febrero de 2017

Hay ventanas






Hay ventanas que pueden habitarse...


Hay ventanas que pueden habitarse
como se habita una ciudad, durante años.
Hay escenas que encienden una vida
y vidas
que encienden una muerte mientras duran.

Tan sólo fue un instante.
Después
aquella imagen fue quedándose atrás
y tuve la certeza
de que ella misma había consentido en su muerte.

El sacrificio es siempre una forma de venganza.
En la noche anterior
él le había prometido llevarla a ver el mar.

La ventanilla de un tren
puede llegar a contener el mundo en un instante.

Después de golpearla
ella cayó de rodillas ante él,
mientras él la miraba
y su mano homicida se abría sin querer
y la piedra sangraba,
se dejaba caer,
se despeñaba talud abajo.

Me pregunto cómo se conocieron.
En dónde enamoraron.
Si ella sabía coser.
Si habría criaturas esperándola.

No pude decir nada.
Asistir al fragmento de la vida de otros.
Sentir la medianía de un cuerpo malogrado.
Ver cómo me alejaba
y mi ojos sin tiempo
querían estirarse, detenerse,
comprender.

El tren seguía su curso.

(Un hombre solo que planea una muerte en campo abierto.
Alguien que casualmente miraba en ese instante por la ventanilla de un tren
y lo contempla. Eso es todo.)


Rosana Acquaroni (España)
de "Lámparas de arena" (2000)



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