sábado, 12 de octubre de 2013

Camionero




Canto al camionero nocturno


 


Hay barcos, muchos barcos, de hermosos nombres.

Nombres que no se olvidan, llegan, se van.

También hay trenes para nombrar soñando:

“El tren azul”, “El escocés volante”, “El internacional”. . .

Este va de un país a otro país.

Es como el huracán.

Hace temblar el suelo y deshoja los árboles.

Yo lo he visto pasar,

y lo he corrido con mi caballo

en clara noche, además.

Volvía con mujeres de otras tierras.

Cruzaba el campo como un gran collar.



Pero ni tren, ni barco, ni poema

tienen un nombre igual

a aquel que el camionero de mi pueblo

le ha puesto a su camión para viajar.



Trigo del año y sobre el trigo hombres

van a la capital.

“Voy hacia ti” los lleva por montes y limpiadas,

una luz roja atrás.



Labradores que están sobre el camino

oyen y dicen: “Ahí va”.

Lo dice el pescador cuando el camión

pasa el gran puente de metal,

y lo dice la niña que está sola y no duerme

porque es su tiempo de esperar.

Ella se arregla cada vez.

Sueña con la ciudad.

Si está en la puerta, deja que la luz

la deslumbre al pasar.



El camionero es joven, fuerte, valeroso.

Ama la libertad.

Tiene el viento del campo en el cabello;

el verano en la faz.

“Voy hacia ti” se llama su camión.

El camión llegará.

Su luz ciega las sombras

con un largo puñal.



El camionero es joven, ágil, animoso.

Ama la vida, ama la paz.

Tiene los ojos que no mienten;

el corazón fuerte, leal.

“Voy hacia ti” se llama su camión.

El camión llegará.



No importa que la lluvia se adelante,

que el árbol caiga, colosal;

que el motor haga alto

como la burra de Balaam. (*)

El camionero de mi pueblo

sabe esperar.

Deja que se le acerque y lo rodee

el silencio total;

pone la cara sobre el brazo y mira

un día entero o más;

dialoga con la bestia que lo observa,

sobre el bien, sobre el mal,

o se echa a dormir entre las ruedas,

como el can.

Ya se oirá decir a los que esperan:

“Ahí va; Ahí va”.



El camionero es joven, fuerte, valeroso.

Ama la libertad.

Tiene un amigo en el umbral del monte,

que agua y aire le da.

En el umbral del monte están hablando

dos hombres de verdad.

Están hablando al pie de una figura,

el guía de metal;

hablan de una paloma que se ha ido

y que hay que alcanzar.

Una mujer con niño los contempla.

Se la ve hermosa y en paz.



Ni tren, ni barco, ni poema hermoso

tienen un nombre igual

al del camión que ya atraviesa el monte

con una estrella atrás.



Va en busca de la luz entre las sombras.

La va a encontrar.

Lleva el amor bajo una blanca lona,

lleva cereal.



El camino es de liebre sorprendida;

de casa sola, aquí y allá;

de niebla echada sobre el paso

y de lejano cantar.



El hombre escucha, la mujer escucha;

la garza escucha, ángel de paz.

Todos escuchan en la noche,

hasta el muñeco de metal.



El camión va trillando las tinieblas.

El camión llegará.



José Pedroni (Argentina)


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